Superviviente de ti.
Nada.
No he sentido absolutamente nada al verte.
Ni se me ha acelerado el pulso, ni he notado ese ligero pinchazo en el pecho al que había logrado
acostumbrarme.
No han temblado mis manos al verte.
Mis ojos no buscaban los tuyos, ni siquiera han seguido tu recorrido más de un par de metros.
Cualquiera hubiese jurado que éramos un par de desconocidos, y puede que después de todo eso sea lo que somos.
Los recuerdos que compartimos parecen formar parte ahora de una realidad paralela, de un pasado lejano, parecen perdidos como si se los hubiese llevado el viento o quizás el tiempo, como mi risa de niña o tu brillo de ojos.
Quizás estén vagando por alguna parte, visitando cada rincón que soñábamos con visitar.
Tienen que estarlo, porque explícame si no, esta indiferencia que sentimos ahora el uno por el otro, esta clara divergencia en nuestros caminos, que quizás nunca vuelvan a juntarse y esta vez creo que eso está bien, que es mejor así.
He llegado a estar lista para dejarte ir, me converti en superviviente de ti, de tu tormenta.
Hoy voy a reducir esta carta a cenizas y así quizás siga a nuestros deambulantes recuerdos, a dónde quiera que vayan, dónde quiera que estén, pero lejos de aquí, lejos de mi.
No he sentido absolutamente nada al verte.
Ni se me ha acelerado el pulso, ni he notado ese ligero pinchazo en el pecho al que había logrado
acostumbrarme.
No han temblado mis manos al verte.
Mis ojos no buscaban los tuyos, ni siquiera han seguido tu recorrido más de un par de metros.
Cualquiera hubiese jurado que éramos un par de desconocidos, y puede que después de todo eso sea lo que somos.
Los recuerdos que compartimos parecen formar parte ahora de una realidad paralela, de un pasado lejano, parecen perdidos como si se los hubiese llevado el viento o quizás el tiempo, como mi risa de niña o tu brillo de ojos.
Quizás estén vagando por alguna parte, visitando cada rincón que soñábamos con visitar.
Tienen que estarlo, porque explícame si no, esta indiferencia que sentimos ahora el uno por el otro, esta clara divergencia en nuestros caminos, que quizás nunca vuelvan a juntarse y esta vez creo que eso está bien, que es mejor así.
He llegado a estar lista para dejarte ir, me converti en superviviente de ti, de tu tormenta.
Hoy voy a reducir esta carta a cenizas y así quizás siga a nuestros deambulantes recuerdos, a dónde quiera que vayan, dónde quiera que estén, pero lejos de aquí, lejos de mi.
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