Mensaje en una botella para mi suegra.
Odio el invierno, aquí no sale el sol, todos los días son igual de tristes y grises, aunque supongo que no todo es culpa del tiempo, llevan siendo grises desde que me mudé aquí con mi familia. antes vivía en un precioso pueblo más al sur, el clima no era muy diferente la verdad, pero mi vida sí. En especial mis últimos años allí, jamás olvidaré mis quince ni a Ángel.
Con él sentía que todo estaba bien, hasta que nos mudamos y bueno, digamos que mis padres no me dejaron despedirme de él. Desde entonces, he evitado cualquier tipo de contacto con cualquier hombre del que me pudiese enamorar, me he centrado en mi trabajo y en mis amistades, ya que con mi familia no tengo apenas relación.
Pero sin duda, lo más duro es que Ángel y yo finalmente hemos acabado trabajando en la misma empresa y le tengo dos despachos más allá, esto sería estupendo supongo, si nos hablásemos claro. No nos dirijimos la palabra ya que él nunca me perdonó que marchase sin despedirme y a mi, no me queda otra que aceptarlo.
Desde mi mesa puede verlo hora tras hora y día tras día, pero intento no mirarle demasiado.
Estas mañanas tan nubladas me inundan de recuerdos, no aguanto más aquí encerrada y es la hora del descanso para comer, a si que me dirijo a un pequeño bar-restaurante que hay justo al lado. Aqui comemos la mayoría de la empresa, a si que tampoco cambia mucho la situación, pero al menos me entretengo comiendo mientras intento no mirar a Ángel que, como no, está a dos mesas de distancia mirando fijamente el teléfono del bar.
Estaba deleitándome con un vino de Navarra cuando sonó el teléfono. Me pasó el inalámbrico y me dijo: es mi madre. Dice que ha encontrado un mensaje tuyo en una botella. Mientras intento reaccionar, me lo quita y cuelga, deja el teléfono y se sienta en mi mesa.
-¿Por qué nunca me hablaste de esa botella?
- Nunca pensé que fuese a llegar a las manos de tu madre, pensé que se perdió sin rumbo y que no tenía ningún sentido mencionártelo.
- Esta carta lo cambia todo Sara, dame una segunda oportunidad, por favor.
- Siempre la has tenido.
http://turismodevino.com/
Con él sentía que todo estaba bien, hasta que nos mudamos y bueno, digamos que mis padres no me dejaron despedirme de él. Desde entonces, he evitado cualquier tipo de contacto con cualquier hombre del que me pudiese enamorar, me he centrado en mi trabajo y en mis amistades, ya que con mi familia no tengo apenas relación.
Pero sin duda, lo más duro es que Ángel y yo finalmente hemos acabado trabajando en la misma empresa y le tengo dos despachos más allá, esto sería estupendo supongo, si nos hablásemos claro. No nos dirijimos la palabra ya que él nunca me perdonó que marchase sin despedirme y a mi, no me queda otra que aceptarlo.
Desde mi mesa puede verlo hora tras hora y día tras día, pero intento no mirarle demasiado.
Estas mañanas tan nubladas me inundan de recuerdos, no aguanto más aquí encerrada y es la hora del descanso para comer, a si que me dirijo a un pequeño bar-restaurante que hay justo al lado. Aqui comemos la mayoría de la empresa, a si que tampoco cambia mucho la situación, pero al menos me entretengo comiendo mientras intento no mirar a Ángel que, como no, está a dos mesas de distancia mirando fijamente el teléfono del bar.
Estaba deleitándome con un vino de Navarra cuando sonó el teléfono. Me pasó el inalámbrico y me dijo: es mi madre. Dice que ha encontrado un mensaje tuyo en una botella. Mientras intento reaccionar, me lo quita y cuelga, deja el teléfono y se sienta en mi mesa.
-¿Por qué nunca me hablaste de esa botella?
- Nunca pensé que fuese a llegar a las manos de tu madre, pensé que se perdió sin rumbo y que no tenía ningún sentido mencionártelo.
- Esta carta lo cambia todo Sara, dame una segunda oportunidad, por favor.
- Siempre la has tenido.
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