Que sea tu nombre el que me siga viniendo a la cabeza cada vez que vea llover.

No estoy segura de cuánto dolor es capaz de soportar una persona, no sé cuantas veces puede romperse un corazón del que ya solo quedan añicos. Tampoco tengo muy claro el número de sonrisas que una persona puede ser capaz de fingir, las veces que puede ser capaz de levantarse tras haber tocado fondo, simplemente porque no estoy segura de si una vez que has tocado fondo llega un día en el que puedes volver a vivir como si nada, o simplemente se aprende a vivir con el vacío en el pecho y el nudo en la garganta. Ni sé si se puede superar ese miedo a querer de nuevo, a que te destrocen otra vez, a engancharte a alguien y que se lleve lo poquito que quedó tras el terremoto que acabó contigo.

Pero me da miedo que sea siempre así, que por mucho que pasen los días nada de esto cambie, que sea tu nombre el que me siga viniendo a la cabeza cada vez que vea llover, que después del derrumbamiento solo quede esto, simple supervivencia, sin alegría ni pena, que nunca nadie pueda llenar mi vacío, que me quede para siempre en simples ruinas, que nada recobre su sentido, que el cielo siga gris y que no vuelva a reír.

Aunque supongo que el problema está en que le doy demasiadas vueltas a la cabeza, que todo sería más fácil si hiciese como que nada de esto hubiese pasado, como si no te hubieses marchado, o al menos como si te hubiese olvidado. Pero la verdad es que no puedo, porque nunca he sido de querer poco y por cumplir, si no de querer mucho y de verdad, aunque supongo que esta vez me pasé, que te cogí demasiado cariño, y ahora te me has quedado aquí clavado.

Y en el fondo sé que mi mayor miedo es dejarte ir, porque me he quedado sujeta a tu recuerdo como a un clavo ardiendo, que me quema, pero a la vez me quita el frío, y claro que sé que debería dejarte ir, pero no puedo, o en el fondo no quiero, no sé.

Comentarios

Entradas populares