Gris.

Gris, como la vida misma, como el cielo en una tarde de invierno o como tu taza favorita de café, amargo, como el sabor que dejaste al irte y oscuro, como tus ojos en los que me perdí una y mil veces.

 Siempre te decía que estaba perdida, pero aún no conocía el significado del verbo perder, la sensación de vacío que nada llena. Y no te voy a decir que eras tú el que lo llenaba, porque no es verdad, pero quizás me dabas ese aire que ahora me falta. Tampoco te diré que me muero si no estás, porque ya no estás y mis dos pulmones aún respiran.


 Y ahora empleo el poco aire que me queda para enfriar el café que tengo entre mis manos heladas, que hoy quema más que nunca porque me recuerda a ti, aún ahora, cuando creo que me he encontrado a mi misma, ahora que encontré la salida a tu mirada color café en la que tanto tiempo me quedé presa. 


Sin embargo, por mucho azúcar que le echo a este café, me sigue trayendo este amargo recuerdo y miro al cielo intentando suavizarlo con sus nubes grises, como si estás fuesen de azúcar y pudiesen endulzar un poco más mi día. Pero por más que miro ellas siguen siendo grises, mi café amargo y tú no estás aquí.


                                                                                     -grey-

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