Tú.

Llegaste y conseguiste reanimar mi corazón dormido, que tantos dieron ya por perdido, cuando este perdió su latido.

Derretiste el bloque de hielo en el que se había convertido, sin importarte ahogarte en mi deshielo.

Quitaste a base de besos las telarañas formadas por el paso del tiempo y le diste cuerda como si de un pequeño reloj de otro tiempo se tratase.

Uniste con cuidado los pedazos rotos y llenaste con tu aliento los espacios vacíos.

Te sumiste en mi desastre y lo hiciste hasta bonito.

Rescataste el viejo sonido de mi risa jurando que esta era tu melodía favorita.

Y conseguiste hacerme tan feliz como no lo había sido nunca.

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